CUEVAS DE MANTEZULEL
“Cueva del aguacatillo”, Tercera maravilla dentro de Mantezulel
POR JULIÁN DÍAZ HERNÁNDEZ
Director de Turismo de Aquismón.
Cuando parece que se ha visto todo en Mantezulel -con sus más conocidas grutas “La luz de sol” y “Espíritu santo”- su gente nos lleva hasta otra cueva que forma parte de este amplio complejo: “El aguacatillo”, que toma su nombre por los árboles del mismo nombre que circundan parte del sendero.
Desde la recepción (en la entrada a la localidad, ubicada a media hora de la cabecera municipal) avanzamos unos 800 metros entre un paisaje de café, plátano, y palmilla, aderezado por el canto de los gallos y el trinar constante de los pájaros.
La variedad de su flora surge por la diversidad de mariposas, colibríes, abejas y murciélagos, que proporcionan un gran servicio ambiental a los campesinos, al polinizar las flores de varios árboles frutales. Por eso es importante respetar el medio ambiente a cada paso.
Complementariamente, los quirópteros previenen la explosión de plagas de insectos que pudieran afectar los cafetales; y la cobertura vegetal permite el recargamiento de los mantos acuíferos, evita la erosión del suelo y los posibles derrumbes o deslizamientos de lodo.
Admirando todo aquel escenario verdoso que la naturaleza nos obsequia, casi ni sentimos el sendero en ascenso por una escalinata de piedra, aunque más adelante nos obliga a hacer un breve alto cuando llegamos al cruce que conduce –a la izquierda- a “Luz de sol”.
Hay que seguir a la derecha, por un camino que se suaviza por la hojarasca, pero que en ciertas épocas del año puede exceder en humedad y obliga a ir lento; máxime porque metros adelante la entrada al lugar aparece como de la nada, apenas al doblar una curva a la derecha, escondido entre la vegetación.
Cuando quedamos frente a la entrada empezamos a maravillarnos por sus formaciones raras, principalmente por piedras que se han desprendido de la bóveda; algunas todavía permanecen sueltas, por lo que resulta peligroso intentar subir por ellas.
Nos adentramos entonces por un estrecho pasadizo, que más adelante nos lleva a una cámara enorme, desde donde podemos observar las elevaciones de casi 40 metros de altura, y que regularmente los avezados utilizan para la práctica del rapel.
Arriba, por un camino angosto que obliga a caminar más despacio, podemos entrar a cavernas pequeñas pero no por ello menos hermosas, pues las estalactitas y estalagmitas por doquier forman “paisajes” sorprendentes que nos maravillan.
En medio de esa tranquilidad en la penumbra, nos damos una idea de la paciencia que tuvo la naturaleza para crear al paso de los años estructuras que mueven a la imaginación, llamándonos a observarlas durante minutos, iluminándolas con nuestras linternas, en el entorno fresco de la caverna.
Por ello, la próxima vez que acuda a Mantezulel, considere la posibilidad de visitar también “El aguacatillo”, que dentro del complejo de cuevas, tiene lo suyo para hacer que el recorrido completo –con un guía experto de la comunidad- bien valga la pena.
Eso sin olvidar la experiencia que se puede vivir desde la parte superior, en una vertiginosa experiencia de descenso, pero siempre utilizando el equipo especializado y con el asesoramiento de alguno de los prestadores de servicios de los alrededores.


